Arriba el periscopio

 In Comunicación

Los españoles nunca le hemos hecho ascos a una buena polémica. Nos encanta estar horas y horas debatiendo en torno a algo, contraponiendo puntos de vista sin llegar a ninguna conclusión. Todo con tal de evitar centrarnos en el meollo del asunto. De eso ya se encargarán otros —a los que luego también podremos despellejar a gusto— y nosotros les copiaremos. Es decir, haremos eso mismo que criticábamos, pero peor. Así ha sido siempre. Lo triste es que muchas veces todo eso que despreciamos lo hacemos por miedo, ignorancia o ambos motivos a la vez. Es el rechazo a lo desconocido. El pánico al cambio. Me viene todo esto a la cabeza debido a la polémica que se ha formado en torno al futbolista y empresario Gerard Piqué. Muy activo en las redes sociales, y quizá como respuesta a las múltiples enganchadas que ha tenido con la prensa deportiva sensacionalista, Piqué decidió hace unos meses dar un paso más allá. Comenzó a emitir improvisadas ‘ruedas de prensa’ con sus seguidores de tuiter en el post-partido a través de Periscope. Algo que no sentó muy bien a determinados sectores del periodismo y por lo que el defensa internacional ha recibido un buen número de reprimendas —públicas y privadas— e incluso ha servido para abrir el debate acerca de la conveniencia de que los deportistas utilicen las redes sociales en el interior de las instalaciones deportivas de los clubes que les pagan.

Geri e IkerMás allá de la previsible pataleta de niño malcriado que como se preveía llegaría desde el ala más rancia del periodismo, resulta curioso que muchos de los profesionales que recurren a diario sin pudor alguno a rebuscar contenidos en las redes sociales para rellenar minutos de programación y páginas en sus medios escritos critiquen ahora la postura de Piqué. Sus rabietas tratan de ocultar el miedo cerval a que se les acabe el chollo y/o les cierren el chiringuito. No se dan cuenta de que estos propios medios tuvieron en su mano hace unos años la posibilidad de rentabilizar el uso de estas tecnologías y convertirlas en una herramienta decisiva para fidelizar a sus oyentes/espectadores.¿Miopía? ¿Desinterés? Juzguen ustedes mismos. 11 de julio de 2010, Soccer City, Johannesburgo (Sudáfrica). España y Holanda se enfrentan en la final de la Copa Mundial de Fútbol ante 84.500 espectadores presentes en el estadio y millones en todo el mundo. El gol de Iniesta. En el inolvidable minuto 116 del partido, casi llegando al término de la segunda parte de la prórroga. Un hecho histórico en el fútbol español recordado una y otra vez desde aquella noche.
Esta es la narración del gol a cargo de Alfredo Martínez, comentarista de Onda Cero. Pelos de punta.

Y este es el vídeo, toda una suerte de proto-Periscope, que la propia emisora, Onda Cero, publicó en Youtube ¡en noviembre de 2015!

Casi seis años después.

Las cadenas de radio tuvieron en su mano hacerse con una nueva forma de contar las cosas, dotarlas de contexto. Eso que siempre se recalcaba en las facultades y escuelas de periodismo: ver la radio. Es cierto que por aquellos entonces ni se intuía la influencia que los contenidos visuales (Periscope, Snapchat) iban a tener en la generación millenial, pero sí existía Youtube. Y los podcast. Seguramente perdemos demasiada energía en criticar lo que hacen otros en lugar de buscar cómo aprender y aplicar todo lo bueno que trae consigo cada innovación. El periodismo del siglo XXI —porque por si alguien no lo había notado aún: estamos en 2016— debe ser un periodismode contenidos y no sólo de titulares, entradillas y declaraciones. Contextualizado, apoyado en datos, opiniones relevantes, diversos puntos de vista, ágil, entretenido. Un claro ejemplo de estose vivió en noviembre de 2015, tras los atentados de París.

Permanecer anclado a los modelos encorsetados del pasado y enterrar la cabeza bajo tierra no va a resolver nada. Mirar para otro lado o despreciar los nuevos modelos, tampoco. ¡Arriba el periscopio! Es hora de emerger a la superficie y abandonar esos búnkeres en los que se han convertido las redacciones. Porque, por desgracia, si nada cambia puede que llegue un día en el que no haya nadie al otro lado escuchando o viendo lo que hacemos. Aunque quizá para entonces tampoco haga falta que estemos allí para contarlo.

Roberto Antoraz Álvarez
Periodista y escritor. Trapecista sin red en redes sociales. Comunicación, edición de contenidos, diseño web.
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